domingo, 27 de julio de 2008
eclipse
"Hay cierta gente que no sabe lo que es volar", le había dicho su mamá en su cumpleaños número 7. Julio no era un chico de mucha memoria, pero esa frase resonaba en su cabeza cada vez con mas frecuencia. Había cumplido 15 años, y todavía no tenía muy en claro que quería de su vida, no tenía en claro qué podría llegar a ser ni qué significaban psicológicamente su sueños, pero sabía que nunca perdería la capacidad de volar. Esa suerte de poder desplegar alas puras cada vez que un problema parecía acorralarlo, y escapar a cualquier parte. Aparecer en otro lugar, con otra libertad. Y olvidarse de todo, posarse en una nube y cantar un poco. Su mamá ya no estaba con él para acompañarlo, y sus desapariciones eran cada vez mas frecuentes. Estaba cansado de la gente; todos pegados al piso como árboles sin poder dejar de pensar. Pensar...., que desgracia ser seres pensantes. Julio tenía ojos azules, casi transparentes y si alguien lo miraba fijamente podía escuchar de lejos las olas del mar. Tenía una sonrisa imperfecta, pero brillante como el sol. La misma que tenía a los 7 años, la misma que tendría siempre.Luna tenía el pelo oscuro, oscuro como su propia sombra y la tez blanca como las nubes. No sonreía con frecuencia, no hablaba más de lo que tocaba su flauta. La llevaba de aquí a allá, como si fuera su único medio de comunicación. Veía el cielo y se preguntaba por qué no podía desaparecer, por qué no podía irse de una vez con sus sueños y sus notas a otro planeta, y no tener que pensar. Su vida no era triste, su vida no era feliz. Era una mujercita con los pies en la tierra y la cabeza en la luna,. A decir verdad, ella era la luna. Solo que nunca nadie se lo había dicho. No sabía que bajo sus mejillas millones de corazones enamorados esperaban una oportunidad. No sabía que necesitaba de un sol para poder brillar. Y un día, un día un eclipse los uniría.
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