Nunca esperé nada de los de más, sabía muy bien que nunca iban a reconocer el gran esfuerzo que hacia por verlos bien. Tampoco tengo amistades nuevas todo el tiempo, no sé confiar, debe pasar un lapso de tiempo importante como para que pueda confiar sinceramente, porque es así, le das la mano y te toman hasta el alma y a nadie le importas, nadie se preocupa. Yo sé como actúan, ya reconozco el disfraz. Necesitan tu felicidad y la de los de más para poder sentirse superiores, importantes, mejores que nosotros. Llega un punto en el cual disfrutan verte mal, los hace sentir bien. Se sienten orgullosos de sus actos, piensan que es importante para su bienestar tener que quitarle a los de más lo que les hace falta. Jamás piden perdón, son cobardes y se esconden porque saben que somos más fuertes que ellos y tenemos todo el diccionario en la punta de la lengua y las palabras exactas para hacerlos sentir mal; pero jamás tenes esa oportunidad, siempre alguien lo impide. Entonces te lo guardas, te lo reservas, para empezar a odiarte cada vez más.
Llorar en las noches de soledad puede servir de descarga algunas veces, pero no toda la vida. Siempre esa manía de esconder, de callar. Las malas amistades castigan, los amores matan, la familia traiciona. Solo queda basarce en la realidad, el futuro es lo único que tenemos.
Soy experta en ocultar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario